Arenys

Plantando un futuro

Javier Méndez

17 / 04 /2016


La mañana se alza con un sol abrasador propio de los días de julio. La playa de Arenys de Mar no solo llama la atención por el deseo refrescante de un buen baño, sino por dos largas hileras con 195 hoyos cavados con antelación. Una camioneta cercana transporta todas las plantas en la parte trasera. Al lado, el equipo monta la parada con sus palas, mangueras y el abono necesario para sembrar, mientras que los primeros voluntarios llegan con sus mochilas. Son niños.

– Se tratan de plantas muy resistentes y son autóctonas, ya que llevan viviendo aquí mucho antes que nosotros. Son distintas a las que veis normalmente porque aguantan la salinidad y necesitan poca agua.

Los jóvenes observan a Óscar en una mezcla extraña entre suspicacia y curiosidad, de modo que se acercan a ellos para aprender a plantar diferentes especies propias del litoral como el Tamarix Africano, el saquitero y el lentisco.

– ¿Listos para plantar niños? – pregunta una de las monitoras del Cau Escolta. Los niños afirman al unisono

– En marcha, juntaos por parejas – añade Óscar.

La pequeña Laura agarra rápidamente a Pol y los mayores ríen. Las palas se reparten y comienza el arduo trabajo. Así es como se desarrolla la plantada para recuperar la playa de Arenys, un plan que comenzó en 2007 por la iniciativa de la jardinera local y un ayuntamiento con visiones de futuro.

“El objetivo era atraer a la ciudadanía y naturalizar la playa, después de todos los años en los que hemos destruido este espacio por preservar una estética que no nos conviene” explicaba la jefa de medio ambiente, Inés Malleu. La actividad  cumple con la llamada Agenda 21, un plan de acción local a favor de la sostenibilidad que trata seriamente el problema de la explotación de recursos naturales entre otras cosas. El programa fue expuesto a mayor escala en 1989 durante la Asamblea de Naciones Unidas con un documento complejo aprobado por la mayoría de gobiernos.

Conforme avanza la mañana, los niños continúan sembrando inocentemente las plantas y algunos jubilados les ayudan en la tarea. Se acercan caras nuevas curiosas por la escena y deciden participar plantando su propio arbusto. Los padres y abuelos escuchan las explicaciones de Óscar mientras que las carretillas y las regaderas suben y bajan generando mucho tráfico. Se respira un movimiento agradable. Por otro lado, surgen otras voces que nos aproximan a una realidad preocupante.

– ¿Es que la gente no se entera que necesitamos las plantas para vivir?-  La jardinera Amelia preguntaba a un trotamundos con tono burlesco.

El trotamundos dejó de observar la plantada y le respondió:

– Quizá es porque la gente lleva décadas viviendo en el pensamiento del consumo. Desde el 1986 que la Tierra superó el límite sostenible. No se puede crecer para siempre.

– Cierto. Lo que pasa es que no nos damos cuenta de lo que perdemos. Me alegra por eso que la generación más joven aprendan a valorar la naturaleza de esta forma.

La expresión de Amelia era sincera. Se despide con la excusa de tener algo importante que hacer  y se une al trabajo con los niños. Lluc la acompaña decidido con la manguera aun chorreando agua. La monitora Núria supervisa todo ,junto con las demás, desde el otro lado de la hilera. También han estado plantando, llevan desde las 10 de la mañana trabajando con el calor y un viento frustrante. Se las ve cansadas pero por suerte el equipo esta repartiendo agua. Todo marcha bien.

El Técnico del Área de Medio Ambiente, Jordi Simó, adopta el papel de cultivador con su rastrillo y carretilla. De vez en cuando se detiene y ayuda al resto a hacer la faena. ” Aunque resulte más costoso cuidar y restaurar las plantas cada cierto tiempo, el gasto es mínimo. La vegetación es autóctona y resistente. Además creo que es una gran inversión y que cada vez más la gente le pone ganas a este proyecto comunitario, ya que la playa es de todos y hay que cuidarla”.

Y no le falta razón. El número de personas aumenta poco a poco buscando el centenar, y sigue así, hasta que termina la plantada pasadas las 3 horas. Objetivo conseguido: La participación popular. Cada uno de los presentes ha podido vislumbrar el oasis, que dejarán esas pequeñas plantas sembradas en el campo. Han visto el futuro bajo la arena y han podido comprobar el sentido que tiene el esfuerzo invertido. No obstante, lo mejor que deja es el mensaje final: Volveré la próxima vez.

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